Regalos para amantes del vino que ya tienen botellas de sobra

Regalar vino a alguien que sabe es arriesgado. Hay caminos mejores.

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Regalar una botella a alguien que entiende de vino es una de las apuestas más arriesgadas que hay: o conoce la bodega y no le impresionas, o no la conoce y probablemente hay un motivo. Por suerte, el vino es mucho más que botellas.

Regala el lugar, no la botella

Una visita a una bodega con cata supera casi siempre a una botella, porque añade lo que la botella sola no tiene: el contexto, la gente que lo hace y el paisaje.

Cataluña lo pone fácil. Penedès, Priorat, Empordà y Montsant están todos a distancia de una excursión de un día.

Si tienes que regalar botella, busca la que no puede comprar

Lo que emociona a alguien que sabe no es el precio: es el acceso. Una añada antigua, una producción muy corta, una bodega pequeña que no distribuye.

Regalar el vino de moda es exactamente lo contrario: es lo que ya tiene o lo que ha decidido no comprar.

Los accesorios: solo dos funcionan

La mayoría de artilugios del vino acaban en el cajón. Los dos que sí se usan son copas buenas y un decantador decente.

Todo lo que sea un aparato para abrir, enfriar o conservar de manera ingeniosa suele quedarse sin estrenar.

La formación es el regalo infravalorado

Un curso de cata o una cata vertical dirigida da algo que no se acaba: criterio.

Y para quien ya tiene el vino cubierto, aprender a entenderlo mejor es el único terreno donde todavía le puedes aportar algo.

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