Experiencias para regalar en pareja que no sean una cena

Una cena está bien, pero ya habéis hecho cincuenta. Aquí tienes planes que se recuerdan.

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El regalo por defecto para una pareja es una cena. Y está bien, pero tiene un problema: si cenáis fuera a menudo, no es un regalo, es un martes. Lo que se recuerda es lo que rompe la rutina, no lo que la repite.

Busca el plan que no haríais solos

Hay cosas que todo el mundo dice que haría algún día y nadie organiza nunca: un globo, una noche en un sitio extraño, un taller de cocina.

Regalarlo elimina la única barrera real, que no es el precio sino decidirlo. Un vale ya reservado obliga amablemente a hacerlo.

Hacer algo juntos supera a mirar algo juntos

Las experiencias donde participáis los dos —cocinar, remar, aprender— generan mucho más recuerdo que las pasivas.

La razón es sencilla: después hay algo que contar. De una cena no se cuenta nada.

Cuidado con la aventura si solo le gusta a uno

Un salto en paracaídas es un regalo fantástico si al otro le hace ilusión y un mal trago si no. El regalo de aventura tiene que ser para quien lo quiere, no para quien lo regala.

En caso de duda, tira de algo donde los dos estéis cómodos. El plan tiene que ser compartido, no una prueba.

Regala sin fecha

Lo peor de un regalo de experiencia es tener que cuadrar agendas para un día concreto. Un vale con validez larga deja que lo decidáis vosotros.

Además alarga el regalo: durante semanas hay algo pendiente y eso también forma parte.

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